martes, 1 de septiembre de 2009

"El Principito" Capítulo VII.

Durante el quinto día y siempre gracias al cordero, me fue revelado otro secreto de la vida de mi amigo. Me preguntó bruscamente y con cierta ansiedad:
-Si un cordero come arbustos, es que come también flores?
-Claro! Y es más, un cordero come todo lo que encuentra en a paso.
-Come flores con espinas?
-Sí. También las que tienen espinas.
-Pero entonces, de qué sirven las espinas a la flor?
En verdad, ya no tenía respuesta para ello. Estaba además muy ocupado intentando destornillar un bulón de mi motor, que se hallaba muy ajustado. Me encontraba por cierto bastante preocupado por el estado de mi avión y el agua para beber que iba agotándose minuto a minuto; ello me hacía temer lo peor.
-Para qué sirven entonces las espinas?
El principito no olvidaba jamás las preguntas que formulaba. Yo, preocupado por mi bulón respondí cualquier cosa:
-Las espinas no sirven para nada, son pura maldad de las flores.
-Oh!
Luego de un silencio y con cierto dejo de rencor, agregó:
-No lo creo! Las flores son ingenuas y débiles. No tienen maldad y se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas.
Nada respondí. Me decía para mí: "Si este bulón aún resiste, lo haré saltar de un martillazo". Interrumpiendo nuevamente mis reflexiones, el principito dijo:
-Y tú, ¿tú crees que las flores...?
-¡Pero no! ¡Yo no creo nada! Te respondí cualquier cosa. ¡Yo me ocupo de cosas serias!
Asombradísimo me observaba el principito.
-¡Cosas serias, eh! ¡Hablas como las personas grandes!
Avergonzándome aún más agregó:
-¡Todo lo confundes! ¡Mezclas todo!
Nunca lo había visto tan irritado. Sus dorados cabellos se sacudían con el viento.
-Sé de un planeta en donde habita un Señor carmesí. Nunca ha sentido el perfume de una flor, nunca ha mirado una estrella. Tampoco ha querido a nadie. Sólo una cosa ha hecho en su vida; sumas y restas. Repite todo el día, como tú, hasta el cansancio: "Soy un hombre serio! Soy un hombre serio!" Hinchándose de orgullo. ¿Sabes lo que creo? ¡Que no es un hombre, es un hongo!
-¿Un qué?
-¡Un hongo!
El principito empalidecía de cólera.
-Millones de años hace que las flores fabrican espinas, y otro tanto que los corderos se comen de todas formas las flores. ¿Acaso no es serio intentar entender por qué las flores insisten en fabricar sus espinas que no sirven nunca para nada? No crees que tenga importancia la guerra entre los corderos y las flores? ¿No tiene esto más importancia que las sumas y restas de un Señor gordo y rojo? ¿Y no es también importante que la flor que yo conozco sea única en el mundo, que sólo exista en mi planeta y que un corderito pueda hacerla desaparecer de golpe, en un instante una mañana y sin darse cuenta de lo que hace? ¿Esto, no es acaso importante?
Ya enrojecido agregó:
-Si se ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre millones de estrellas, es motivo suficiente para que al mirar las estrellas sea feliz. Se dice para sí: "Mi flor está allí, en alguna parte..." Pero si el corderito comiera la flor, para él es como si de pronto y al mismo tiempo, todas las estrellas se apagaran. ¿Y esto, no es importante?
Bruscamente rompió en sollozos y nada más pudo decir. Ya era noche. Abandoné mis herramientas, de las que ya no importaban ni el martillo, ni el bulón, ni la sed, ni la muerte. En la Tierra, en mi planeta, en una estrella, había un principito que necesitaba ayuda. Lo tomé entre mis brazos y lo acuné. Le dije: "La flor que tú amas no corre ningún peligro... ¿sabes por qué? Dibujaré ya mismo un bozal para tu corderito. También dibujaré una armadura para tu flor... Di..." Ya no sabía que decir. Mis palabras resonaban torpes, estaba perdido... no sabía cómo llegar a él... ¡Es soberanamente misterioso el mundo de las lágrimas...!

1 comentario:

  1. Hay me encanta el principito (sin albur ajajaja)

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