viernes, 26 de noviembre de 2010

La insoportable levedad de mi mismo

Publicado por Luis

He de confesar mi error carencial de querer ser amado. Por estúpido que esto parezca es casi una necesidad irrevocable el que tenga que hacerlo. A nadie le interesa, yo lo sé. A nadie le importa. Pero tengo ese nudo atorado en la garganta que grita como una mansa bestia ardiendo de irritación. Parece un falso cliché que me autoimpongo, pero es mi naturaleza de quererme expresar. Como querer correr las praderas de el autoconocimiento; con los vastos pastizales y profundos lagos de mi mente y mis memorias.


Grito para conservar la falsa pureza que conserva aquello que aún ustedes no saben (ni sabrán, si no lo quieren). Yo me encallo donde quiera, yo digo y pienso cómo acto y hago (no mucho) como debo y como puedo. pero me encuentro aquí, recordando que entre tanto grito desaforado me encuentro sólo y sólo seguiré, resignado.

“Y es tanta la tiranía de esta disimulación que aunque de raros anhelos se me hincha el corazón, tengo miradas de reto y voz de resignación."

[Hoy comienzo a leer La Insportable Levedad Del Ser :) ]

miércoles, 24 de noviembre de 2010

La mejor compañía

Publicado por Luis Marín



“Vino el vértigo, volvieron los círculos, y furioso, lancé un golpe que rompió el espejo, dejándome la mano ensangrentada.” –La Tumba-


De pronto me dieron unas ganas locas de ponerme a fumar. Eran las once de la noche del domingo. Lloraba. Pensaba que tal vez todo era el resultado de un macabro y pequeño mal entendido que por obra y gracia de nosotros mismos fue creciendo de un modo exagerado y acelerado hasta terminar en catástrofe. Y heme aquí, buscando un cigarro para ponerme a fumar.

Encontré uno, y encontré vodka. Fumé y bebí y lloré sólo en casa, hasta que no pude más. Me encerré en el baño yo solo, para no levantar sospechas. Ahí, en una esquina fría y a oscuras, sólo, me encontré con mi otro ser, que conocí vez anterior en una meditación, y en el trance y la locura entendí todo:

-¿Qué es lo que sabes de él?- pregunté

-Solo lo necesario: es un chico que se sienta a las once de la noche en la esquina del baño a fumar, beber y llorar sólo…-me contestó

-Pero… ¿y qué sabes de ella?- volví a preguntar

-Lo mismo que sabes tú, sé yo… ¡Nada!

No sabía nada, excepto que no la he vuelto a ver, no le he vuelto a llamar, no la he vuelto a tocar, porque así me lo pidió.

-¿Te importa mucho?- ahora él me preguntó

-La extraño…- me limité a decir

-Pero te importa…

-Sí

-¿Mucho?

-Tal vez

Me levanté a prender la luz, y no vi nada. Tenía muy cerca el retrete para ponerme a vomitar todo lo que ahí sentía. Me miré en el espejo… era un ser diferente a mí, era otro yo. Exhalé la última bocanada de humo contra el cristal del espejo.

-Sí, sí me importa, y mucho…

-Ya lo sé- me dijo

Y volví a apagar la luz.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Del amor maduro. Parte II

Publicado por Luis



“Tal vez tú no lo sepas, regiomontana,
que cuando antes de amarte me olvidé de tus besos
mi corazón quedó recordando tu boca

y fui como un herido por las calles
hasta que comprendí que había encontrado,
amor, mi territorio de besos y volcanes.”

-Pablo Neruda-

Los tiempos cambian, es cierto. Muy probablemente gustos, sueños, y proyectos que tuvimos en el pasado habrán tenido que cambiar. Perecieron sueños débiles para dar paso a nuevas metas, a nuevos ideales, a nuevos proyectos. Los tiempos cambian (o nosotros cambiamos con el tiempo). Sólo los verdaderos, fuertes y reales sueños habrán permanecido intactos y en pie para seguir luchando por verse realizados. Así mismo muy probable sea, también, que los sueños que hoy moran nuestra conciencia mañana se desvanezcan en un erial de renovación y dejará paso a un barbotar de sueños nuevos. No lo sé. Al menos, así pasa conmigo.

Sabrán (por lo que he escrito) que una parte fundamental en mi vida es el amor. Podría, de cierto modo, calificarse como una “virtud”. Por otra parte, en su defecto, mis dos grandes “pecados” son el ser muy indeciso y pasional. Es decir: “amo sin medida”.

- ¡Ey!, creo yo que estás cometiendo un grave error.

- ¿Lo crees, realmente? Dime porqué.

- Es simple: el amor sin medidas, si realmente es amor, no tiene porque representar un sufrimiento.

- Háblame más de ese pensar, por favor.

- Bueno, en primer lugar no es un pensar, sino un sentir. Cosas que, pese a no ser opuestos, sí son distintas entre sí. El amor, al igual que la vida misma, son hermosos. Pero nadie dijo que fueran fáciles. Y, hasta eso, no son complicados (complejos, tal vez… no, tampoco lo creo). Lo que sucede es que nosotros lo complicamos. Nos gusta hacernos la vida difícil, ¿Qué no?

- Sobre todo yo, siendo como yo.

- Pero eso no es malo. Aceptarte tú, tal y como eres, es, de cierto modo, una libertad plena tanto contigo como con todo y todos los demás. Aceptación plena. Sin ataduras.

Pero no nos dispersemos. Hablemos del “amor maduro”. Te decía que el amor, cuando es amor verdadero, no es un sufrimiento. Muy probablemente (y tomando en cuenta lo que he escrito en un inicio) mi amor sin condiciones es, más bien, un amor sin libertad.

Hugo Guerrero Martineiz dijo alguna vez: “Si te quiero, te recorto las alas y te dejo a mi lado para siempre; si te amo, disfruto viéndote crecer las alas y disfruto viéndote volar.” Y tú, Luis Marín, no puedes vivir sin ella. No quieres.

Ahora, por otro lado, tratar de indagar qué sucede no es del todo malo, pero te crea prejuicios (etimológicamente: juicios-previos) que nunca sabremos qué tan cerca o lejos están de la realidad, pero recurramos a éste sustento par teorizar un poco: ¿quién te asegura que ella no es feliz ahora mismo Y SIN TI? Claro, cabe la posibilidad de que ocurra todo lo contrario, o ninguno de los dos casos. Nunca lo sabremos porque NO SOMOS ELLA. No sentimos como ella. No pensamos como ella. Y por lo tanto no sabemos nada de ella.

Pero… ¿qué te pasa a ti que pretendes saber con certeza lo que la otra persona siente? Lo único válido, en todo caso, es lo que sientes tú, no lo que siente ella. Lo demás es un intento de reasegurarte.

Pregúntate si TE sientes querido, amado, necesitado y sé fiel a ese sentir tuyo.

Porque imaginemos que alguien te quiere. Te quiere mucho, muchísimo y sin embargo tú no te sientes querido en absoluto: ¿para qué te serviría su cariño?

Imaginemos ahora lo contrario, alguien que te quiere muy poco pero de manera misteriosa tú te sientes absolutamente querido: ¿vas a tomar la iniciativa de separarte de ella porque no te dice lo mucho que te quiere o porque manifiesta que no sabe lo que siente?

“hacer”, “demostrar” y “mostrar” son cosas diferentes.

“mostrar” es hacer algo evidente para que tú lo veas.

“demostrar”, en cambio, es una actitud que intenta probar algo para que tú lo creas.

Todo esto significa que cuando “muestro”, parto del prejuicio de que no ves y cuando “demuestro” parto del prejuicio de que no crees.

Cuando mi relación contigo no tiene prejuicios, cuando soy auténticamente yo y permito que seas auténticamente tú, entonces no prejuzgo. Por tanto, no te muestro nada, no te muestro que te quiero. Sólo soy yo mismo y hago lo que siento, sin ocuparme de que lo veas o de que lo creas.

Y lo veo tanto así que cuando me encuentro a mi mismo tratando de mostrar algo o queriendo demostrar lo que soy o lo que siento, me doy cuenta de que estoy manejando, de que no me estoy siendo fiel, de que estoy condicionado y condicionando. Y, últimamente, cuando muestro y demuestro, me siento ridículo.

Tienes todo el derecho de no ver, y sobre todo, el derecho de no creer. ¿Quién soy yo para querer que tú veas o creas todo lo que yo veo y creo?

Si todos estos argumentos no fueran suficientes, me pregunto: ¿Por qué supongo que no verías si no te mostrara o que no creerías si no lo demostrara?

Es evidente que la única manera es: yo, en tu lugar, no hubiera visto; o yo, en tu lugar, no creería…

¡Proyección! Pura proyección.

Porchia dice:

Si yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú porque yo soy yo, entonces ni yo soy yo ni tú eres tú. Pero si yo soy yo porque yo soy yo y tú eres tú porque tú eres tú, entonces sí: tú eres tú y yo soy yo.

¿Entonces en qué consiste el verdadero “amor maduro”?. En nuestro caso, me refiero a un rompimiento amoroso, bien nos quedan las sabias palabras que son tan comerciales hoy en día pero que Swami Kurmarajadas Nos enseñó:

“Si amas algo déjalo libre, no seas posesivo. Si vuelve es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. Incluso dentro de una relación amorosa, la persona necesita su propio espacio. Si queremos aprender a amar, primero debemos aprender a vivir en soledad, debemos aprender a perdonar, a curar nuestras heridas, a soltar los sufrimientos del pasado. Cada relación es única. Cada nueva relación te recrea, te hace una persona distinta al abrirte a un mundo nuevo, el otro. Por tanto, no encadenes tu presente a tu pasado. Amar significa desprendernos de nuestros prejuicios, apegos, del ego y de los condicionamientos. Cada día debemos aprender a morir y renacer.”

El verdadero amor no es un gobierno instaurado en la costumbre, el hecho, la carne, lo material, los deberes, las obligaciones, las ataduras, ni las necesidades. Ambos, en una pareja, son dos universos completamente distintos.

El asunto de la pareja que no se separa me recuerda que no es lo mismo estar junto al otro que estar enganchado al otro. Y esta diferencia es vital. Juntos quiere decir próximos, en contacto, uno al lado del otro y, obviamente, aceptando la posibilidad de separación. Enganchados no tiene nada que ver con eso. Enganchados es, como su nombre indica, trabados entre sí, como dos ganchos. ¿Y esto qué significa? Significa que una parte del uno llena un hueco del otro, y viceversa.

Yo me hago cargo de todas tus partes estúpidas a cambio de que tú aceptes hacerte cargo de mis peores cambios de humor. Mientras estemos junto yo seré el estúpido y tú el loco. Pero ojo con separarnos: porque, si nos separamos, entonces tú deberás volver a ser tan estúpido como antes de conocerme y yo tan irresponsable como siempre.

La posibilidad de separarse no existe porque, al hacerlo, cada uno de los dos tendría que reasumir su propio agujero y llenarlo de sí mismo (cosa que, obviamente, no estaba dispuesto a hacer cuando aceptó el enganche). Solo estando juntos se puede intimar. Solo cuando me puedo separar tiene valor el que estemos juntos.

Y relaciono todo esto con mi propia forma de ver la pareja. Para mí, una pareja no son dos ni uno, sino tres. Tres individuos diferentes: él, ella y la pareja.

Algunas parejas llevan adelante un proyecto de convivencia basado en la postura de la pareja como uno: van a todas partes juntos, trabajan en lo mismo, tienen parejas amigas, todo en unidad. ¡Todo!

Y todo empieza a fracasar cuando se dan cuenta de que no consiguen inodoros de dos plazas. Y termina de fracasar cuando alguno de los dos (generalmente con terapia de por medio) comprueba que ha desaparecido como individuo y decide reasumirse como persona.

Hay parejas más “modernas” que intentan un planteamiento de dos individuos: Él y Ella, en la que cada uno aporta algo de sí a la relación, pero cuidando siempre su terreno y dosificando puntillosamente los momentos por compartir.

Este puede ser un excelente modelo de relación, pero no es una pareja. Porque la pareja como tal no existe, carece de proyectos, de marcos referenciales. Este individuo-pareja, desde su no existir, no crece, no se desarrolla. Y, un día, el último de los muchos puentes que unían esas dos islas se cae. Y las islas vuelven a ser islas. Independientes, sí. Y también solitarias e incomunicadas.

Dejo para el final el pensamiento más sutil y seguramente el más frecuente, aunque creo, también, el menos explícito: “La pareja está compuesta por dos individuos: yo y la pareja.” ¿Qué tal? Un poco macabro, ¿no?

Y, lo peor de todo, es que hay relaciones en las cuales este planteamiento, hecho por uno de los miembros, es acatado por el otro, que vive en función de su pareja pero carece (sólo él) de vida propia.

Todo esta perorara me sirve para tratar de comprender a tu lado porqué es tan difícil la convivencia en pareja. ¡Se trata de compatibilizar los intereses de tres!

Cuando la armonía entre los tres aparece, es hermoso…

Yo, ella y nosotros…

¡Me emociona!

Amar es aceptar la libertad de la otra persona y, por qué no, la nuestra propia. Amar es ser libre. Como eso bien lo explica: si se ama no hay dolor porque la pareja no es buscar satisfacer necesidades o intereses, sino amar a la otra persona tal cual es. Aceptación y libertad plena. Felicidad, eso es amor.

No. No has cometido un error: ¿qué te pasa con tus equivocaciones? Vives tus equivocaciones como errores. Y errar es fallar. Fallar implica, de sí, una expectativa previa de acertar. Una expectativa es un prejuicio. Un prejuicio es un condicionamiento. Y un condicionamiento es siempre una puerta que me cierro. Si vives tus equivocaciones como errores te cierras puertas.

Equivocarme es una parte de mi proceso de aprendizaje (dado que, como ya lo sabes, sin equivocaciones no hay crecimiento).

Equivocarme es el resultado de una manera de hacer algo de forma nueva, una manera de crear. Equivocarme es darme cuenta de mi valor y, a veces, porqué no, darme cuenta de mis partes estúpidas.

William Shakespeare dijo: “El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.”

- Ahora contéstame tú ¿la amas?

- Sí

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque acepto el que no esté conmigo y la probabilidad de que no lo esté nunca jamás, de nuevo. Me duele, es cierto, pero es un proceso natural del darme cuenta, del dejar de interrumpirme y de mi sano crecimiento espiritual.

- Bien, la amas. Te amas. La regaste gacho, es cierto. Pero como bien dicen tu amados gurús tacubos: “esta vez vengo buscando el corazón. Esta vez lo intentaré otra vez. Esta vez y más yo trataré de hacerlo bien, si la vida me regala otra oportunidad.”

Te reitero aquella sabia frase de Fritz Perls: “Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Si no, no puede remediarse.”

Espero que te quede claro. Aunque tu amar sea una constante lucha por buscar y alcanzar la perfección, no queda más que aceptar las cosas como son.

Deberíamos intentar resolver cada vez más situaciones cuando surjan, y recuperar una y otra vez la armonía fuera-dentro, y entre yo y yo mismo. No te interrumpas… date permiso… date tiempo… date lugar… date todo…

Finalmente, eres tú, para ti, el centro del mundo en el que vives, así como yo soy para mí el centro del mundo en el que yo vivo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sueño con serpientes

Publicado por Luis

Las burbujas que se formaban en el retrete parecían miles de minúsculos ojos que me observaban, vigilantes. De pronto un grupo de pequeños ojos se fusionaban entre ellos para formar un ojo más grande. Todos me observaban. Yo los observaba. Eran las tres de la mañana y yo estaba tirado en el azulejo de mi baño, abrazando el excusado, esperando devolver esa sobredosis de alcohol que había bebido unas horas antes. Nunca había bebido tanto, mi cuerpo no está acostumbrado. Y ¡¿qué carajos?! Todavía tomo una pastilla para el mal aliento y leo lo que me dice la fortuna en la envoltura: “Aguardiente de mi vida, ¿qué te da tanta grandeza? Yo te mando a la barriga y tú te vas pa’ la cabeza”. El destino se burla de mi.

No quería levantarme de la cama; me hubiera ahogado con mi propio vómito y sumirme en la vorágine del vértigo antes que estar abrazando una taza de baño y llorándole a tu partida. Yo me acuerdo cómo eras. ¡En verdad!, lo recuerdo. Te recuerdo con tus flores, tus vestidos, tus pinturas. Todavía no te me olvidas, lo juro. Pero ya no importa que así sea… No podía seguir acostado. No pensaba, por los giros que daba mi mente, pero estaba soñando algo muy raro. Soñaba conmigo y contigo, estábamos juntos los dos, en el sueño. Sólo en el sueño.

Hay tanto que vomitar. Hay una constelación en mi espalda, muchos granos se ven y chocan entre sí. Los opuestos se atraen, ¿será que por eso me enamoré de ti? No lo sé. También tengo sueños atorados en la garganta; flotan pensamientos en mi mente como mansos libros viejos, enredados eternamente por grilletes oxidados. Sueño.

Estoy en un harem. Bellas ninfas bailan semidesnudas a mi alrededor. Hermosas musas cantan y se bañan frente a mí. Se desnudan una a la otra, se bañan juntas y se ayudan a vestir. Algunas me sirven agua, otras me dan de comer uvas moradas en la boca. Yo estoy fumando en mi propia shisha personalizada; me recuesto en un catre como los que usaba Freud para psicoanalizar a sus víctimas (¡perdón!, quise decir: pacientes). De pronto todas realizan una seductora danza frente a mí, se mueven al compás de la música y de su coreografía que han montado en mi honor. Todos los hombres que quisieran estar en mi lugar… ¡imagínenlo! Y nadie puede estarlo. Sólo yo. Es mi harem. Yo dispongo y gobierno a mis mujeres, yo elijo a quién amar y a quién, solamente, utilizar.

Bailo con ellas, y canto, ¡qué alegría! Pero de pronto todas corren. Todas huyen. Se escapan. Intento atraparlas, agarrarlas, pero no puedo. Mis manos las atraviesan como si fueran inmateriales. No puedo tocarlas, no puedo tomarlas. Y me siento a llorar. Pero de pronto sales tú, detrás de una cortina apareces desnuda. Y lloras, también. Me tomas de la mano, me llevas hasta el catre. Y no es necesaria una relación sexual. El coito ni importa, importa tu andar. Me recuesto bocarriba, aun vestido, y tú sobre mi. Abres tu boca. Me vas a besar. Pero todas las ninfas que se fueron, empiezan a gritar. Gritan y gritan y se empiezan a callar. Después, cascabeles y silbidos. Se oye agua correr. Volteo a ver qué pasa y se arrastran pequeñas y variadas cosas blancas por el suelo. Son diminutas serpientes que se acercan a acecharnos. Tú tranquila, ni te inmutas. Yo estoy que me muero. Se forman al contorno del catre. Y tu figura se desvanece, se hace agua y termino empapado. Las serpientes ríen y empiezan a comer de mi carne que ya sin tus besos… poco vale.

Entonces desperté. Eran las tres de la mañana y seguía mareado, seguía ebrio. No quería levantarme porque al tocar el suelo con mis pies desnudos me entraría una ráfaga de certezas y la conciencia acudiría a mi mente. Y, en efecto, así fue.

Preferiría mil veces que me devoraran miles de serpientes antes que aceptar tu ausencia. Sí, difícil ha sido sobrellevar tu desamor y tu olvido despechosos, pero aún conservo esa llamita inmortal que pudiera iluminar tu andar de regreso. Pero si te vas, con distancia de por medio... no podría vivir. No sin ti, no lejos. No puedo… si te vas.

No importa. La vida sigue. Así es… quiero llorar ¡quiero vomitar!

lunes, 15 de noviembre de 2010

Pájaros

Publicado por Luis Marín



Pájaros frente a mi ventana, saltando de una antena otra.
Cantando ahí sobre sus hilos. Se echan a reír
con su lenguaje transparente en que no dicen nada.
Lenguaje sin palabaras en que se comunican sin hablar.

Pájaros frente a mi ventana, saltando de una antena a otra.
Bailando ahí sobre sus hilos, antes de caer...

-Leticia Servín-

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sol De Media Noche

Publicado por Luis



Otra vez no puedo dormir. No sé si fue el café, el día o, en su defecto, toda la semana. Pudiera ser, también, mis últimas lecturas que sólo alterarme pueden, o bien, mis canciones dolidas que demuestran claramente mi masoquismo. O será que, últimamente, tiendo a pensar mucho y a sentir poco… (Tushé!)


Hoy no quiero hablar del “amor maduro”, que escribir sobre eso sólo me causó dualidades: altibajos y claroscuros. No, hoy quiero hablar plenamente de mi mismo:

Me siento solo. Y la soledad, como bien dijo Benedetti, también puede ser una llama. Alguna vez leí en un “Sputnik, mi amor” de Haruki Murakami una frase de Jack Kerouak que decía: "El hombre, al menos una vez en la vida, debe perderse en un erial y experimentar una soledad absoluta, sana, un poco aburrida incluso. Y así descubrirá que depende completamente de sí mismo y conocerá sus capacidades potenciales." Y aunque es obvio que no experimento una soledad plena (mucho menos absoluta) creo que, de algún u otro modo, sí estoy pasando por ese saro proceso de auto-encuentro y auto-conocimiento, cosa que no había hecho desde… nunca. Mi soledad siempre fue efímera y pasajera y, honestamente, nunca me encargué de vivirla, de sentirla, de encararla. Normalmente llenaba los huecos con distracciones, los vacíos rotundos del tiempo los cubría con compañía. Nunca estuve realmente solo. Hasta ahora…

Dice Ralph Waldo Emerson que “El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad.” Y eso es lo que sí me sucede. No es que de pronto todo haya perdido interés, peso, importancia o injerencia, creo que más bien es que por fin enfrento mi duelo cara a cara; ahora enfrento a la soledad. Y es un proceso difícil. NO SÉ ESTAR SOLO. Siempre necesito de la compañía de alguien, inclusive inmaterial (eh ahí el que sea adicto al internet) y ahora que, aunque cuento con muchos amigos, nada me llena. Por vez primera quiero estar solo, de verdad (y esto puede durar unos cuantos minutos o varios años…). Quiero conservar mi autonomía. Aunque bien sé que corro el peligro de caer en eso que Octavio Paz define como el “estoicismo melancólico”. Pero es que lo anhelo, lo deseo, LO NECESITO.

El aprender a estar solo es, irónicamente, el primer paso para poder (y saber) estar en compañía.

Será que manifiesto mi Alter Ego al estar sólo y mi egocentrismo aumenta, sin embargo no creo que eso sea malo. Hay que estar bien con uno mismo para poder estar bien con los demás. “La soledad es un suplicio ingenioso de la naturaleza que hace que nos encontremos con nosotros mismos para poder valorar a los demás”. Primero estoy YO, después YO, y hasta el último YO. Porque valgo mucho más yo que cualquier otra persona (hablando de autoestima, porque mi YO revolucionario y socialista sabe que somos todos iguales). Y mi neurosis disminuye. Y ahora valgo más y ya no me dejo de nadie. No hay que cambiar de amo, hay que dejar de ser perros. No tengo miedo. Sí, sé que darse cuenta es bueno, pero a veces lastima mucho, y te crea un complejo de impotencia. Cito ahora (de nuevo) a Jorge Bucay:

“La interrupción es el mecanismo por el cual el neurótico impide que un proceso se desarrolle naturalmente y concluya por sí mismo, como en general tiende a pasar si no nos ocupamos de intentar acelerarlo…
Interrumpir, etimológicamente, significa “romper en vínculo o contacto entre dos cosas, personas o situaciones”. En nuestro caso, cortar el contacto entre lo que es y lo que será. Si pasa pasar de A a B me interrumpo infinitas veces, nunca llegaré.
El mejor ejemplo que se me ocurre es el del proceso de confusión.
Cuando algo me confunde, tengo siempre dos posibilidades. Una, tratar de salir de la confusión, y do, dejarme estar en ella.
El primer caso es el de la interrupción.
Quizá, en apariencia, se obtenga una sensación de tranquilidad, pero esa tranquilidad es por “superar” el miedo a estar confuso y no por aclarar qué y cómo me confunde.
La confusión es un proceso normal del darse cuenta: sólo a partir del contacto genuino puedo descubrir (“des-cubrir”) la realidad, y sacar las coberturas transcurre en general con cierto grado de confusión.
En el segundo caso, no me interrumpo, dejo que el proceso se complete y se agote; sabiendo que al final podré salir de él.
Salir de la confusión es, muchas veces, paradójicamente, la consecuencia de dejarme estar en ella.
La certeza es, en general, consecuencia de haber dudado y, desde este punto de vista un no sé es la expresión de la apertura y el más positivo de los caminos hacia la realidad.
Interrumpir es condenarme a mantener dentro de mi mismo una situación inconclusa, que dejará paso a nuevas interrupciones.”

Por eso prefiero estar solo y que las cosas sigan su curso.

Aclarar las cosas, creo yo, no es algo que se me dé muy bien. Siento que cuando intento aclarar me interrumpo, como dice Bucay. Ya sé que sufro el síndrome del neurótico LuisMarínquesabeloquetienequehacerperosiguedudandodetodocomosiemprelohahecho. Siento que me pierdo (SIENTO, ¡qué importante palabra!). Siento que, más bien, indago. Y esta situación es como las arenas movedizas: mientras más trato de salir, más me hundo. No lo sé…

Puedo armar mil universos de muy diversas posibilidades con respecto a esta situación que, en mi mundo de caramelo, puedan pasar. “Tú, sólo tú, eres causa de todo mi llanto, de mi desencanto y desesperación”. Y sin embargo, debo soltar…

Pero, “ahí está el detalle”: que no sé “soltar”. Ella, probablemente, ya o haya hecho y por eso su vida sigue “fluyendo sin mi”. Pero yo, honestamente ya no concibo ninguna otra forma posible de vivir… sin ella. Como diría Kioichi Katayama en su novela “Un grito de amor desde el centro del mundo”: “ es que no puedo imaginarme como sería casarme con otro, tener hijos, ser padre y envejecer al lado de otra persona.”

Podré aventurarme a intentar rehacer (más bien: continuar) mi vida sin ella. Después de todo 18 años viví sin ella, antes. No nací “con alguien”. Y puedo, yo sé que puedo, pero NO QUIERO. Pero eso sí, con mi corazón no juego, no puedo hacerlo, no es justo: puedo intentar tener (alguna vez, en un futuro lejano) otra relación de noviazgo, pero en lo que respecta al sexo nomás no. Eso será ya muy difícil. Que lo entienda quien lo entienda, si es que lo sabe entender.

Tal vez el paso más importante es el primero: intentarlo. Nunca digas nunca.


“[…] y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.” –Oliverio Girondo-

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Regiomontana de mis amores

Publicado por Luis


Dicen que no guardo duelo, llorona,
porque no me ven llorar,
hay muertos que no hacen ruido, llorona,
y es más grande su penar.”

-La Llorona-

"Corazón apasionado,
Disimula tu tristeza… "

-Canción popular-

¡Ay, regiomontana de mis pesares! A punto estoy de olvidarte y no. No quiero, nomás no. ¿Y quién le manda a un sureño a enamorarse de una regiomontana tan hermosa como tú? Nomás Dios sabe porqué hace las cosas, corazón, ya no te mates. Dicen por ahí que el amor puede ser eterno, y yo no sé si sí o si no, pero yo te seguiré queriendo. ¿Te das cuenta, corazón olvidado? Muchas lágrimas lloraste tú por mi amor, ahora ni recuerdos quedan.  Una herida abriste en mi corazón, mucho daño nos hicimos tú y yo, pero ya vez: yo sigo aquí (y seguiré hasta que Dios me preste vida). Bien sé que ni dejarte ni tenerte puedo, ambas cosas me hacen daño, con ambas cosas me muero. Pero ni olvidarte ni amarte puedo, si el cielo no consiente mis desvelos ni tu corazón se rinde a mis deseos. Está bien: llena tu corazón, tu vida y tu mente de este mundo, llena de experiencia tu entrepierna, si eso quieres, que yo te espero con paciencia aunque sé que tú no vuelves… y brindaré con tequila a tu salud, regiomontana de mi corazón.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Corazón coraza

Publicado por Luis

"¿Quién dijo que todo está perdido? ¡Yo vengo a ofrecer mi corazón!"
-Fito Paez-


CORAZÓN CORAZA

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

-Mario Benedetti-

lunes, 1 de noviembre de 2010

El amor maduro. Parte I

Publicado por Luis



Me di cuenta hasta hace cinco minutos de lo propenso y sensible que soy al cambio y todo lo que eso implica; pero no en el mejor sentido de la palabra, sino todo lo contrario. Me refiero: no al cambio “bueno”, positivo, al que se ve con optimismo y encara con determinación el oscuro porvenir. No, ése no. Me refiero al otro cambio, en el que me dejo caer, así, sin más ni más.

Estaba dando vueltas en la cama hace cinco minutos, pensando en ella, de nuevo. Recordándola. Y le di, una vez más, una vuelta completita al asunto (¡esto de la infidelidad es un desmadre!) recorriendo los mismos recovecos del recuerdo, la misma angustia y el mismo silencio, los mismos sinsentido de siempre. Llegando siempre a la misma conclusión: TODOS SOMOS UNA BOLA DE INMADUROS, Y PUNTO FINAL. Y, en efecto, así es. Y amén por eso.

Seguía dando vueltas en la cama buscando una respuesta como una piedra filosofal a mis preguntas. Normalmente siempre daba con pretextos morteros, placebos conformistas como chivos expiatorios. Comodines que yo mismo me inventaba para dejar de joder y dormirme de una buena vez, pero no esta vez. Creo que de tanto pensar y pensar di con algo nuevo, con algo que no había dado las otras veces:

Empecé dándome cuenta de que, quiera aceptarlo o no, estoy pasando por una etapa de desenfreno para desahogarme y encontrar consuelo y alivio en algún mágico lugar; de ahí derivé en que, debido a lo mismo, me he vuelto más egocéntrico, vanidoso, orgulloso y narcisista; por lo tanto no he pensado en nadie más que en mi. Entonces di en el clavo. Me di cuenta de que siempre vi el problema desde MI punto de vista. Jamás me tomé la molestia de preguntarme qué sentía ella, hasta ahora…

¿Qué sentirá ella?

Es obvio que la respuesta no es sencilla. Ignoro completamente lo que ella siente o pueda sentir. Disto años luz de tener una pizca de noción de lo que pueda estar pasando por su mente y por su corazón, ¿y qué le vamos a hacer? La respuesta, si la hay, sería banal. Artificial. Inventada, por supuesto…

Creo que el mejor modo de tener un boceto surrealista de su sentir sería no inventarlo, sino vivirlo. Es decir: ponerme en su lugar. Y así lo hice:

¿Qué sentiría yo, en primera, si fuera mujer? Nunca las he entendido y dudo poder hacerlo algún día, pero por lo que las he conocido sé que son muy sensibles, celosas, rencorosas y orgullosas. Bien, es un avance. Ahora, en específico: ¿Qué sentiría yo si fuera ELLA? Bueno, ella es muy hermética con sus sentimientos y para ella es muy fácil disfrazar su sentir. Pero, normalmente, cuando lo hace siempre ocupa sentimientos opuestos para disimular un poco. Así que… no debe estar tan bien como ella dice estarlo (tal vez, sólo tal vez). Ahora comprendo un poco más. Sigamos: ¿qué sentiría si fuera ELLA y mi novio (o sea: yo) me hubiera sido infiel? –este paso es mucho más difícil puesto que ya estoy tocando mi propia integridad, procuro ser lo más honesto posible, sobre todo conmigo mismo- bueno, es obvio que me sentiría mal, como cualquier otra persona que pase por lo mismo… ¿qué tanto? Bueno, eso ya depende mucho del amor que me tenía y la confianza que había depositado en mi… y ella me quería mucho, yo lo sé. Confiaba en mi. De acuerdo: le dolió mucho. Ahora algo aún peor, una pregunta mucho más cruel y dolorosa: ¿qué sentiría yo si fuera ELLA y mi pareja me hubiera sido infiel con una amiga mía? –(¡chic!)- yo le partiría su cara (a ambos) pero yo no soy yo. Soy ELLA. Y lo que ELLA haría sería mandarlos muy al carajo a los dos (y, con razón, es lo que hizo). Me quedaría el coraje y el resentimiento por parte de los dos. Ambos traicionaron mi confianza. ¡Ya veo!, ahora entiendo todo.

Pero me quedan aún muchas dudas. Ya aclaré lo que, probablemente, sienta, pero… ¿qué sigue? Bueno, por parte de ELLA será mejor olvidar todo y seguir adelante, alejarse mucho de lo que fue, pero dudando un poco de si alejarse o no de la posibilidad de que pueda volver a ser.

Todo esto lo pensé (me gustaría decir que, de cierto modo, lo descubrí) hace cinco minutos. Ahora sigo pensando, ¿qué sigue, Luis? Ahora que tengo una probable noción de lo que pasa… ¡no sé!

Alguna vez una amiga me hablaba del amor maduro. Parecía algo muy complejo puesto que no podía explicarlo bien, no sabía cómo exponerlo (será porque es algo que, simplemente, no se puede explicar ni entender, simplemente se vive). Ahora me pregunto yo: ¿qué carajos es el amor maduro?

Creo que la mejor explicación (más bien: exposición) sobre ése tema la leí alguna vez de Jorge Bucay:

* “[…] Empecemos por lo obvio. El amor es un sentimiento y, como tal, está, por supuesto, relacionado con el sentir… ¿sentir qué?

No sin antes recordarte que no hay absolutos, te cuento que lo que más me gusta identificar a mí con el amor es lo que define Joseph Zinker como: el regocijo por la simple existencia de otra persona, o quizá debería decir de lo amado (persona o no).

Esto significa que amar es independiente de lo que lo amado haga, diga o tenga; que mi amor no depende de que lo amado esté a mi lado o se vaya; que cuando amo no me aferro, no manipulo, no presiono. Que amar, finalmente, es la aceptación total del otro.

Recuerdo ahora a Carl Rogers:

Cuando percibo tu aceptación total, entonces, y solo entonces, puedo mostrarte mi yo más suave, mi yo más delicado, mi yo más amoroso y, sobre todo, sólo entonces, puedo mostrarte mi yo más vulnerable.

Esto separa dentro de mí el amor de tres cosas que suelen confundirse con amar:

• Estar enamorado.

• Querer.

• Necesitar.

Necesitar es la imprescindibilidad de algo (como el oxígeno). Y yo, personalmente, dudo que se pueda necesitar a alguien. Sí, sé que a veces me autoconvenzo de que “necesito” a alguien. Y, sin embargo, también sé que me miento cuando así lo creo.

Siento que cuando “te necesito” dependo de ti para sobrevivir, te obligo implícitamente a hacerte cargo de mi afecto, desaparezco como persona e intento transformarte en alimento vital.

Querer, en cambio, sabe que no existe tal necesidad. Pero “querer” en realidad proviene del latín quarere, y significa “tratar de obtener”.

“Querer” es el deseo, el apetito. “ Querer” es querer para mí. Si “te quiero” te estoy implicando en una suerte de pertenencia, en una petición, no en una exigencia de estar, de permanecer, de darme, de valorarme.

Y aun cuando en el lenguaje coloquial utilicemos el “te quiero” como sinónimo, no está mal la idea de ser conscientes de lo que decirnos para alejarnos del afán posesivo, que indudablemente pocas cosas buenas construye para el amor.

Estar enamorado no tiene nada que ver con todo lo anterior porque, para mí, “estar enamorado” no es un sentimiento sino una pasión.

De pasión dice el Diccionario de la Real Academia: “1. Acción de padecer. 2. Lo contrario a la acción. 3. Estado pasivo en el sujeto. 4. Perturbación o afecto desordenado del ánimo”.

Que la pasión es perturbadora, no tengo, personalmente, ninguna duda. ¡Pero atención! Esto no quiere decir desagradable.


Si yo pudiera elegir cómo sentir a las personas de mí alrededor, elegiría enamorarme con toda la intensidad de la que soy capaz.
Elegiría que mientras esa pasión disminuye, debajo de ella creciera el sentimiento.
Elegiría que ni yo ni el otro nos asustáramos de la desaparición de la pasión y que supiéramos enfrentarnos con el cambio de intensidad por profundidad…
Elegiría que ese sentimiento fuera amor y no sólo querer.
Y, finalmente, elegiría que se diera la posibilidad de reenamorarme, de vez en cuando, de la persona que amo.”

(No lo pude haber dicho mejor…)

Pues yo no lo sé de cierto, sólo supongo. Y supongo que en mi caso (y en todos los casos de todas las demás personas) todo tiene solución. A veces no lo parece, o la solución que aparece no parece factible, a veces duele mucho, pero todos los cambios son para bien, aunque duelan. Y, como ya lo dije antes, soy y estoy muy susceptible al cambio y todo lo que eso implica.

Ahora mismo no puedo hacer absolutamente nada, excepto intentar dormir y dejar de pensar tanto. Pero, con respecto al amor maduro…

Creo que lo mejor será cerrar las heridas que quedaron abiertas, y ayudar a sanar las que yo mismo abrí (sin esperar nada a cambio, es decir: que ella vuelva). Sanar yo mismo mis propias heridas y aceptar con humildad su ayuda (si es que me quiere ayudar) a que ella cierre las heridas que me abrió –porque yo acepto mi parte de responsabilidad de que la relación fallara y terminara, sin embargo para que la cierra corte tiene que ir y venir. Yo hice cosas malas, lo admito, pero ella…-. Eso costará tiempo y esfuerzo, pero como dijo Haruki Murakami: “La vida es esencialmente injusta. De eso no cabe la menor duda. Pero creo que incluso de las injusticias es posible extraer lo que de “justicia” haya en ellas. Puede que ello cueste tiempo y esfuerzo. Y puede que ese tiempo y ese esfuerzo sean en vano. Decidir si merece o no la pena intentar extraer esa “justicia” es algo que, por supuesto, queda al criterio de cada uno” (y a mi criterio, vale mucho la pena).

Es obvio que nada volverá a ser igual. Como me dijo una amiga alguna vez: “Hay cosas que se perdonan pero no se olvidan”. Nada pasa dos veces del mismo modo, pero no tiene por qué. La cosa no es “olvidar” eso es imposible. Creo yo que lo más “maduro” en este caso es perdonar (y saber cómo hacerlo) y aceptar, y caminar… si se da, se dará, si no, no hay remedio. Como dijo Fritz Perls: “Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Si no, no puede remediarse.”

Pero estas son sugestiones mías, son ideas raras que se me ocurren. Aún no sé lo que es el amor maduro pero el intentar materializarlo me ha ayudado a darme cuenta de muchas cosas.

* Tomado del libro Cartas Para Claudia, de Jorge Bucay.

sábado, 30 de octubre de 2010

En materia del amor

Publicado por Luis


Asistiendo a la melancolía...

Tenemos un diplomado en probar cafés y tés.
Tenemos licenciatura en besar y cómo se hace.
Tenemos un doctorado en materia del amor,
y en lo que respecta al sexo...
¡Ni se díga!,  ¡un poco peor!

jueves, 28 de octubre de 2010

Carta 2

Publicado por Luis
(Mi anhedonía y la Gestalt II)

 Parece que sigues creyendo que los porqué sirven para algo!

    Bueno, en realidad, para algo sirven…
        Sirven para dar explicaciones…
            Para justificarme…
                Para no responsabilizarme de mis cosas…
                    Para esconderme detrás de las palabras…
                        Para excusarme…
                            Para evitar mi sentir…
                                Para relativizar mi presente a mi pasado…
                                    Para no vivir aquí y ahora.

  ¡Qué diferencia encuentro entre el casi siempre sospechoso “¿por qué?” y las preguntas más constructivas: “¿cómo?”, “¿qué?”, “¿cuándo?”, “¿para qué?”!

  A veces, pienso que el porqué se ha vuelto un vicio para el psicoanálisis, que en su eterno retornar al pasado termina pareciéndose demasiado a la arqueología. Una gran construcción teórica, muchas veces fantasiosa, basada en suposiciones y en “hallazgos” que alimentan tales suposiciones.
  -¿Cómo “suposiciones”? ¡La historia es una realidad! Yo no nací esta mañana, y mi conducta es el resultado de muchos hechos del pasado. América y todo lo que contiene no se materializó de la nada; existe aun antes de ser descubierta en 1492.
  -Bueno. Demuéstrame que existió realmente 1492.
  -Te podría mostrar libros que datan de entonces…
  -¿Sería una prueba fehaciente?
  -Bueno… prueba, prueba, no. Me podrías decir que no sabes cuándo fueron escritos esos libros…
  -Así es. Pero vengamos más cerca, ¿qué podrías hacer para demostrar que existió el mundo hace cien años?
  -Te puedo mostrar fotos, recortes de diarios, ropas…
  -¿Lo mismo que harías si tuvieras que demostrar tu existencia?
  -Lo mismo. Aunque para eso tengo mis recuerdos.
  -Bien. Intenta pensar el mundo tal como lo conoces; el mundo con todo lo que contiene, incluyendo ruinas, fotografías, libros e incluso tu propio recuerdo… este mundo que lo incluye todo es real, es aquí y es ahora. ¿Podríamos acaso demostrar certeramente, sin lugar para la más mínima duda, que este mundo no fue creado hace cinco minutos?
  -La pregunta me confunde. Demostrar, creo que no ¡pero todavía tengo mis recuerdos!
  -En primer lugar, tus recuerdos podrían ser falsos recuerdos, podrían haber sido inducidos de manera artificial. Algunos biólogos están trabajando hoy en traspaso de memoria de un ser vivo a otro. Se sabe desde hace décadas que una sencilla operación de neurocirugía podría eliminar el recuerdo de partes enteras de la memoria de cualquiera de nosotros. Es decir que, en última instancia, nuestro pasado es una suposición, una fantasía, una explicación de cómo los hechos llegaron a ser los actuales.


Nietzsche cuenta que la memoria y el orgullo discutían: la memoria sostenía que así había sucedido; y el orgullo que no podía haber sucedido así. Se miraron... ¡Y la memoria se dio por vencida!
  Además tus recuerdos son aquí y ahora. No allí y entonces.
  El recuerdo es útil, es cierto. A veces es útil.

  Pero no lo es cuando apoyo mi vida en él.
  Cuando dependo de él.
  Cuando digo: “A mí me lo enseñaron así…”.
  “Siempre lo hice así…”
  “En mi casa era así…”

Un ejemplo de Thomas Harris:

ACTO PRIMERO

En casa de la pareja.

La esposa ha cocinado un hermoso jamón al horno para su marido, por primera vez –por primera vez el jamón, no el marido…

ÉL (Lo prueba.): -Está exquisito. ¿Para qué le cortaste la punta?
ELLA: -El jamón a horno se hace así.
ÉL: -Eso no es cierto. Yo he comido otros jamones asados y enteros.
ELLA: -Puede ser, pero con la punta cortada se cocina mejor.
ÉL: -¡Es ridículo! ¿Por qué?
ELLA (Duda.): -Mi mamá me lo enseñó así…
ÉL: -¡Vamos a casa de tu mamá!

ACTO SEGUNDO

En casa de la madre de Ella.

ELLA: -Mamá, ¿cómo se hace el jamón al horno?
MADRE: -Se adoba, se le corta la punta y se mete en el horno.
ELLA (A Él.): -¡¿Viste?!
ÉL: -Señora, ¿y por qué le corta la punta?
MADRE (Duda.): -Bueno… El adobo, la cocción… ¡Mi madre me lo enseñó así!
ÉL: -¡Vamos a casa de la abuela!

ACTO TERCERO

En casa de la abuela de Ella.

ELLA: -Abuela, ¿cómo se hace el jamón al horno?
ABUELA: -Lo adobo bien, lo dejo reposar tres horas, le corto la punta y lo cocino al horno lento.
MADRE (A Él.): -¡¿Viste?!
ELLA (A Él.): -¡¿Viste?!
ÉL (Porfiado.): -Abuela, ¿para qué le corta l punta?
ABUELA: -Hombre, ¡le corto la punta para que pueda entrar en el horno! Mi horno es tan chico…

Cae el telón.

  El ejemplo es, para mí, gráfico y concluyente.
  Ahora el problema cambia: ¿cómo diferencio el recuerdo útil de la estupidez? ¿Cómo separo el aprendizaje y la experiencia, del prejuicio (etimológicamente: juicio-previo)?
  Quizá éste sea el más trascendente de los desafíos para quienes intentamos vivir nuestras vidas en conexión con el aquí y ahora.
  Me doy cuenta de que sólo puedo aportar algunos elementos:

a) La experiencia se vive en forma global, por toda la persona (holísticamente, como diría Fritz Perls). El prejuicio es sólo intelectual.

b) La experiencia puede cuestionarse en forma permanente, sin conflictos. El prejuicio es concluyente, no admite revisiones.

c) La experiencia me conecta con el episodio que vivo. El prejuicio es evitador.

d) En resumen: la experiencia enriquece a mi campo sensible, mi sentir, mi vivenciar, mi imaginar… el prejuicio me achica, me encapsula.

  El prejuicio es, en una palabra, un condicionamiento.

  Volvamos al principio. Si la idea de salud incluye la de libertad, no podemos hablar de terapia sin pensar en nuestros condicionamientos culturales, educativos, sociales.
[...]
  No dudo de que la intención de casi todos los terapeutas sea desacondicionar. Devolver al individuo su libertad, su capacidad de decidir, de actuar, de vivir… en última instancia, que recupere su capacidad de elegir.
  Elegir y hacerse responsable de la elección.
  Estoy hablando de ELEGIR. No de optar. No de descartar las alternativas indeseables y quedarme con el resto.
  Ante un sendero que se bifurca en dos caminos… uno de terciopelo y otro de espinas. Si voy por el de terciopelo porque las espinas me daña, y tú vas por el mismo porque la suavidad del terciopelo te fascina: tú eliges, yo opto.
  Me desperdigo…
  Cuando avalo mis actitudes en una orden de mis padres, en una imposición moral, en un concepto social o en un precepto religioso, no me estoy haciendo responsable de lo que hago (“Después de todo –me miento- el que obedece nunca se equivoca”).
  En cambio, cuando soy un adulto, cuando soy yo mismo, cuando no me engaño, no puedo seguir teniendo padres, moral, sociedad y religión, pero no necesito explicar ni refugiarme en ellos.
  Elijo y me hago responsable de lo que elijo.
  Ya que estamos en esto, te pido que pongas especial atención en este punto. Soy responsable de todo lo que elijo y, por lo tanto, responsable en absoluto de todo lo que hago y de todo lo que digo, aunque también lo soy de todo lo que, voluntariamente, dejo de hacer y de las consecuencias de no haberlo hecho. Y, sin embargo, no soy responsable de lo que siento ( de lo que hago con lo que siento, pero no de lo que siento). Porque esto que siento no lo elijo yo, porque no hay nada que yo pueda hacer para sentir algo diferente de lo que siento. […]

*Tomado del libro: Cartas Para Claudia de Jorge Bucay

martes, 26 de octubre de 2010

Olvido

Publicado por Luis
Se me hizo facil...


“Olvidarte es recordar que es imposible” –Ricardo Arjona-

Es poco probable que una persona tan disuelta como yo pueda hablar claramente de lo que es, con exactitud, el olvido. Soy muy transparente, tanto que basta ver mi cuerpo a contra luz para observar mis sentimientos transitando por mis venas y el tráfico embotellado de mi corazón.

Si la experiencia me enseña que nunca entenderé tantas cosas, no veo porque el olvido pueda quedar exento de esa premisa. Con todo, quisiera intentar poder expresar esa sensación quemante:

El olvido es, en palabras concretas, la eliminación total o parcial de todo vestigio del ayer. Es la tranquilidad de un malestar modesto. Ilustremos un poco el término:

Supongamos que un día “monita A”, enamorado de “monito B” encuentra rastros de infidelidad en su relación. Fúrica: monita A corre lejos de él para, según ella, acelerar el proceso curativo que supone el olvido. Pero para el olvido la distancia es un cero a la izquierda. Puedes irte a Júpiter, si así lo decides, no puedes, ni podrás alejarte de su recuerdo. La distancia es un absurdo para el amor y el desamor. Evitar un sentimiento a la persona misma esperando encontrar el olvido es una mentira como cátedra. El olvido no puede buscarse, no se encuentra. Es un malvado sarcástico con un mensaje como estandarte, fuerte como un mitin revolucionario o un comunicado militar. Más frío que las lunas de Neptuno juntas en un mismo espacio. Más contundente que la verdad cruel de que el mundo no va a cambiar dicha sin tacto ni sutileza a algún intelectual orgánico idealista. Es más cruel, incluso, que el desamor mismo y los estragos de un corazón roto. Con todo esto, el olvido es la gota de agua en el desierto, la mano tibia en tiempos de flaqueza, el jaque al rey después de una larga y complicada partida de ajedrez.

No sé si me explico. El olvido no tiene orgullo ni piedad, y sin embargo es ambas cosas. No tiene motivos ni razón, pero acude a la soledad, a la tristeza y es calma en tiempos de dolor, paz en tiempos de guerra.

Para el olvido no basta la soledad, no es recíproco. No es proporcional ni a la abstinencia ni al desenfreno, pero sí existe una diferencia de proporciones dinosáuricas entre lo uno y lo otro. Acude a sanar más pronto al mártir que al loco empedernido. Y no es que sea racista y haga distinción de bondades; es, simplemente, que llega al que paciente carga solo con su dolor y tarda menos en encontrar al que reparte culpas de mil modos para buscar desahogo.

Pero a pesar de que el olvido, tardío, llega, su permanencia no es eterna y no es garantía factible de que no habrá secuelas de recuerdos. El trabajo del olvido es purgar, no distraer (eso ya depende de uno). Porque cuando sientes que ya todo está en orden… ni te acuerdas de él.

Soy una persona incapaz de recordar lo que es el olvido. Lo he olvidado veces anteriores. Tantas, que ya ni me acuerdo…

jueves, 21 de octubre de 2010

Canonicemos a las putas - Jaime Sabines

Publicado por Luis



Santoral del Sábado: Betty, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad.

Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, las asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.

Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.

Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie; no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.

En el lugar que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante, la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan.

Oh puta amiga, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas y los perversos, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti,... todo el tiempo…

miércoles, 20 de octubre de 2010

Sputnik

Publicado por Luis

Sputnik, Mi amor

*Cuando terminé Sputnik, mi amor, escribí este cuento. Es el primero que he trabajado en el taller. Espero que les guste y por favor denme su opinión de cómo quedó el trabajo.


Me sudaban las manos. Sentía más el sudor en la mano derecha, con la que sujetaba el teléfono. Estaba nervioso. Apretaba fuerte el auricular contra mi oído, y el timbre resonaba en mi cabeza [¡Biiip, biiip!]

-Contesta, contesta…

Era importante que lo hiciera, por lo menos para mí. Llevaba cuatro meses planeando todo, esperando realizar esa llamada. Fue muy complicado organizar todo y ponerlo en orden. Mucho tiempo, mucho esfuerzo que se reducía sólo a esta agonía de esperar que contestara. Y no lo hacía… [¡Biiip, biiip!]

-¿Bueno?- era ella, sin duda.

-Hola…

-¡Hola!

-Necesito hablar contigo –Me puse serio. Así debía ser.

-… Sí, claro. Dime, ¿qué pasa?

-No, por teléfono no. ¿Puedo verte?

-¿Ahora?

-Sí. Misma hora, mismo lugar.

-… Está bien.

-Adiós -dije, y colgué. Ni siquiera supe si contestó después de mi tajante despedida.

Eran las cuatro de la tarde, faltaba una hora para la “hora de siempre”. La vería en el “café de siempre”, en donde fue nuestra primera cita. No necesitaba arreglarme. Necesitaba, más bien, tranquilizarme, calmarme, ordenar mis ideas… ¿cómo se lo diría?

“Mira, Dalia, he cambiado ¿ves mi perfil? Entré al gimnasio, tú siempre me decías que me faltaba brazo, ¡Ahora mira!”

No, muy altanero. Falso. Es cierto que cambié físicamente por ella, por complacer sus “exigencias”, pero era algo minúsculo, muy lejos del tema a tratar. Muy absurdo. Superficial.

Busqué otra introducción:

“Dalia, desde que terminó lo nuestro no he podido olvidarte. He hecho hasta lo imposible porque de ti nazca regresar. Conseguí empleo y junté dinero suficiente para vivir juntos, con sustento, ¿aceptas?”

Sí, claro. Maravilloso sería que fuera así de fácil.

No sabía qué hacer… ¿cómo decírselo?

Tomé un autobús a las 4:30p.m., tardaría media hora en llegar al café desde mi casa. Me llevé un libro de bolsillo, pero ni siquiera lo hojeé. Mejor imaginaba, me imaginaba que era un satélite. El autobús y todos los pasajeros también lo eran. Era un caos, un hermoso caos. Cada quien seguíamos nuestra propia órbita. La mía era hacia el café, con la esperanza de perderme con Dalia en el espacio. No me importaba el camino de los demás. Era uno de esos instantes en la vida de los satélites en que nos encontrábamos, un instante, para no volver a vernos jamás. Al bajarme del autobús ellos se perderían, silenciosos, en el universo oscuro de sus respectivas vidas. Me sentí pesado, frío, solo, flotando… así, con la sensación de ser un pedazo frío de metal en el espacio, llegué al café.

Cuando entré, la busqué con la mirada, pero no llegaba aún. Como no quería darle vueltas a “mi asunto” retomé la idea de los satélites (tiendo a mal viajarme de éste modo muy seguido). Alguna vez leí que Sputnik en ruso, significa: “Compañero de viaje”. Yo no me llamaría así su fuera satélite. Mejor me quedaría un nombre que traducido al español dictara: “peor es nada”.

Por un momento me imaginé ya en la charla pidiéndole a Dalia que fuera mi Sputnik, y que me aceptara para ser su “peor es nada”. Pero, al igual que cualquier satélite artificial, me sentía suspendido en la nada. Dos satélites no pueden (no deben) estar juntos.

Pedí un café. Mientras esperaba pensaba en los beneficios de vivir en el espacio. No tendría que presentar exámenes, ni tendría que levantarme a tales horas; si lo quería, me alejaba un poco del sol y dormía lo que quisiera. Pero pronto deseché la idea. Un satélite ya tiene una órbita fija pre-programada. Y las ventajas pasaron a ser desventajas. Pensé en las órbitas a seguir como el inevitable destino. ¿Habrá existido alguna vez algún satélite que se haya salido de su órbita?, si no, yo sería el primero, entonces…

Dalia llegó tarde, como siempre. Se sentó frente a mí, indiferente, como siempre. Me dediqué un momento a contemplarla. Hermosa, bien arreglada. Un poco distraída. Pensaba en algo, como yo en el Sputnik hace unos minutos.

-Tengo algo que decirte –comencé -verás… desde que tú y yo terminamos…

-¡Espera! –Me interrumpió ella- no quiero escucharlo. Justo pensaba no venir. Sabía que ibas a tocar el tema. Yo no quiero hablar de eso. Yo no pienso volver. Aunque jures que cambiaste mucho, aunque yo lo haya hecho… no quiero. No puedo volver contigo. Lo nuestro ya pasó ¿entiendes? Suéltalo… No nos olvidaremos uno del otro, es obvio, pero ya pasó. Por favor, olvídalo.

No pensé. Por un momento me fui más allá de los límites de las capas de la tierra. Floté en el espacio perdido, sin rumbo.

-No lo entiendo… entonces, ¿para qué has venido hasta acá a decírmelo si bien pudiste hacerlo por teléfono?

-Quería despedirme de ti como Dios manda –Y me besó…

Así como llegó, se fue. No pude decir, ni hacer nada. Fue imprevisto. Las cosas nunca salen como uno quisiera, pero eso ya lo sabía. Cuatro meses de arduo trabajo… tirados a la basura.

Pronto el mundo a mi alrededor perdió todo matiz. Todo se oscureció y entonces sí era un satélite flotando en la nada. Imaginaba a Dios jugando con nuestro destino; trazándonos una ruta hacia una colisión espacial. Nadie se acordará de mí mientras mis pedazos de metal floten en el cosmos. Veía a mi Sputnik alejarse y seguir con su patética órbita; sabía que ella también quería romper el esquema, pero no había marcha atrás. Yo, perdido en el espacio. Nadie se percataría de mi ausencia, así como nadie se percató nunca de mi existencia. Todos me olvidarán; excepto, tal vez, la que algún día fue mi compañera de viaje…

domingo, 17 de octubre de 2010

Niebla

Publicado por Luis


Quiero, necesito con desesperación arrancarme el corazón. ¡Quiero volverme niebla! Si fuera niebla, ¿qué no haría? Volaría, me colaría por debajo de tu puerta, arrastraría rumores del viento, recuerdos del pasado. Si fuera niebla te tocaría en las noches, y te arrullaría. No dormirías conmigo, pero dormirías mejor. Necesito ser niebla para entrar en tu corazón, en tu memoria y arrancarte de una tajada los suspiros que no diste por encerrarlos en tu orgullo. Quiero con mi nebuloso ser correr las cortinas de tu llanto y verte llorarme entera.

Eres más niebla tú que yo porque tú entras sigilosa en mi corazón, y aunque le ponga una coraza cardiovascular de respiraciones fluidas nada puede contra tu revancha. Vengas tus dolencias en mi soledad, tu desprecio hacia mi neblina es mi estar solo, mi quedarme quieto, mi no poder hacer nada.

Corro de noche por las calles, por los bosques, por las laderas rocosas, por las costas, por los mares y los ríos buscándote, razón de mi existir. Soy niebla, fluyo, no tengo ni forma ni lugar, ni cariño.

Eres tú la luz que me penetra y me destroza con su brillo. Quiero cubrirme de tu luminoso ser, esconderme en una telaraña de pretextos, no verte, vivir en mis sombras o en las tuyas. Ya no somos dos, ahora soy sombra de un pasado muy lejano.

Quiero arrancar de mi pecho ésa espina grande que lleva tu nombre y me atraviesa el alfiler dorado de tu brillo, relámpago. Pero no puedo. Es dolor dulce, es agonía gozosa, es un llorar alegre, es un tumor maligno en mí sonreír. Es una sentencia de muerte… que se espera con ansias.

sábado, 16 de octubre de 2010

6 poemas, una noche.

Publicado por Luis

De recuerdos y olvido.


I


Me dejaré caer en tu recuerdo,
y no te pediré volver. Yo ya no vuelvo.
Yo solo crezco, feroz, como una sombra.
Y la pesadilla de la vida crece en mí.

Puedes sembrar panteón, yo tumba.
Puedes correr reloj, yo viento.
Puedes llorar asfalto,
Yo corro contra la bestia de tu olvido.

Sentiré crecer tu negro cabello en mi espalda.
Mar de mi esperanza, lento río tu respuesta.
No me sobra el aire, me faltan besos.

No responde tu vagina cuando a ella llamo
y me lleno de lágrimas y bebo llanto.
Estás tan lejos del cosmos, de mi universo:
Estrella fugaz, ya no te encuentro.

Te pido un deseo en tu cuerpo luminoso.
Te rezo cada noche, y te deseo.

¿Dónde estarás que no te encuentro?
¿Con quién?, lo sé: con mi recuerdo.

Si algún día entras en mi cama, toca mi pecho.
Si mi corazón replica tambores, entra en mí.
Devora y bebe de mí. Quédate en mí.
Porque al hastío me condenó tu ausencia,
y en ella espero refugiarme
de la bestia de tu olvido.

II

Deja que se pase, no me entero.
Ni me preocupa morir de amor, de hambre o de frío.
De fiebre o de dolor me moriré algún día,
no me importa. No tengo miedo.

Si ya lo sabe Dios, ¡por él!, que lo sepa el mundo.
Si una tarde, cuando la humanidad volteó a otro lado,
y los ciclones del tiempo se hicieron pasado,
hicimos el amor… ¡lo hicimos!

Se entera uno, y otro, y es un virus nuestros actos.
Se enteran hasta las piedras y los años.
No le temo a que piensen, y digan y señalen.
He despilfarrado más amor en una tarde que ellos en una vida.
Y que hablen…

Si se enteran tus amigas, que comenten.
Un orgasmo es un sueño herido si el sexo, tan banal,
con el amor no se ha entendido.

Si alguien más se enteró y así no lo querías:
No fue mi culpa, pero perdóname.
He tratado de sobornar sus culpas
y de comprar a la vida discreción,
pero no lo he conseguido.

Si juran, sucios, vernos sobrevivir del suicidio,
que con amor vencimos a la muerte.
Y aunque digan y comenten, nos amamos.
Y disculpa que se enteren, pero ni el viento puede callar
que nuestro amor sea tan grande.

III


Es que sabes que le temo a tu recuerdo.
Le temo al ciclón de sentimientos,
a perderme en la vorágine fatal de ser yo mismo.
Extraño tus dedos y tus ojos, besar tu cuerpo con el mío.

Dime que NO, no tengas miedo.
Sobre tu negativa construiré un imperio.
Fénix renaceré de las cenizas, de los estragos.
Entero me llenaré de fuerzas, de bondad.
Y a olvidarte. Caminaré a tu olvido difícil.

O dime que SÍ, que me amas.
Y te amaré, hermana, flor y novia.
Me entregaré al delirio de tu ser eterno,
sin miedo me arranco el corazón del pecho
y te lo entrego.

Pero no me digas que “no sabes”.
Porque no sé. No sabré de ti nada.
Esfinge quieta y fría, no te encuentro,
no te conozco.
No me pierdo en tu desierto ni en tu llorar crónico,
no te siento.
Si no sabes… yo tampoco.

En la incertidumbre camino sólo, de noche.
No encuentro. Tal vez busco. Me pierdo.
Busco tu sí o tu no, y yo me pierdo.
Encuéntrame, si quieres, en tu memoria.
Y me amas o me dejas, no me importa…
¡Pero has algo!
Que tu silencio es un sufrir eterno.

IV


Haces que te engañe, y me lo creo.
Quieres que piense lo que no pienso.
Sabes que haré, por ti, lo que no debo.
Sabes que me quedo sin ti, siempre,
y te lloro.
Y no te importa.
Sabes que sin ti no vivo,
que me pierdo sin tu latido.
Y no te importa.
No te importa que me quede inmóvil y no respire,
que me muera de amor o que te olvide.
Te da igual si suicido un beso o me arrojo al vacío.
Yo te pienso de vez en cuando, cada noche,
y encuentro el pesar de tu recuerdo, acurrucado.
No me sigas molestando, no me pienses,
odio ser recuerdo mendigo de pasiones del pasado.
No soy la mentira en tus verdades.
Sopor extraño de cansancio.
No soy paralítico, yo te amo.
Y no te importa.
Si siento morirme daré un alarido
para que se enteren de mi muerte tú y el cielo,
a ver si a último segundo te arrepientes
y libre de pecado me confiesas: te quiero.

V


Yo pensé que vivir sin ti sería más fácil. Así lo pensé cuando lloré ante ti mi última lágrima. Pensé que el camino largo de la vida sería más fácil si yo más libre… Pero no.

No puedo andar huyendo de tu ausencia, si te espero.
Me besa el reflejo de tu olvido tardío y entiendo:
Que si aquella tarde no me hubiera ido, no pensaría ahora en reencontrarnos de nuevo.

¡Qué famosa verdad es la mentira!

… De que querer esconderme y penetrar mi alma, condenarme a la resignación sería tan fácil.
Pero veo que no es cierto.
Sin tus huellas no hay camino
y me falta el hilo de tu respiración a mi último suspiro
y la resignación le pide al tiempo que regreses
aunque sea en un susurro, en una brisa
antes de que me difumine en tu olvido…

VI

Si no me voy no es por otra cosa sino porque te amo.
No me encadena tu sexo, tus recuerdos, ni tu orgullo.
Yo te amo, no me miento.
Bien sé que sí, en efecto, te deseo. No me miento,
pero te amo.
Te amo profundo, sincero, luminoso.
Como la flor del sol que nace en el reposo.
Y te pienso como jamás te recuerdo.
Y te encuentro aunque ya no te busco.
Te encuentro en los rincones de mi alma, llorando, sonriente…
Y entonces siento a mi corazón cuarto creciente.
En el silencio de la noche y en la oscura luna te encuentro.
En el soplar del viento entre las flores, te siento.
En la alegría de las lluvias en Enero, te creo.
Te amo en la soledad y en el recuerdo. Te amo.
No pienso que tus ojos sean oleajes ni ventanas
porque no puedo quebrar los cristales de tu alma.
No puedo arrancarme éstas alas de esperanza
porque entonces no te encuentro, ni te siento, ni te creo…
Y yo te amo. Mientras pueda soñar que te encuentro…
Yo te amo.

viernes, 15 de octubre de 2010

El perro de arriba y el perro de abajo

Publicado por Luis

Con el rabo entre las patas.

…Y me entró una depresión cabrona al descubrir sentimientos. No pude hacer nada, la situación me dominó, no yo a ella. Y fácil y sencillo mandé todo al carajo. Ahora no estoy como quisiera, pero estoy mejor. Sé que he de ser la persona más indecisa del planeta, y ya bien dice Henrich Heine que “No hay hombre más infeliz que aquel para quien la indecisión se ha hecho costumbre”. Total que hoy regreso con el rabo entre las patas al Aroma De La Luna, y me traigo todas las chivas que me llevé al Mundomatraca tratando de huir.

Mi idea original al conservar los dos Blogs era proyectar mi buena y mala vibra en ambos Blogs, respectivamente, pero sólo logré crear más conflicto entre mis partes conflictivas. ¿Les he hablado alguna vez de eso? En Psicología, según sé, se conoce como el Ello y el SúperYo, algunos lo llaman “Alter Ego” y en psicología Gestalt se conoce como “El perro de arriba y el perro de abajo”. Total que (tal vez sea coincidencia, pero soy géminis y dicen que son bien bipolares) tengo un conflicto interno entre dos partes mías que no terminan de aceptarse, en éste plano, al tratar de separar Mundomatraca de El Aroma De La Luna, de alguna u otra forma estaba acrecentando éstas diferencias energéticas que se suscitan en mis contrapartes.

Ahora trato no de buscar un equilibrio, pero sí una convivencia armónica entra ambas partes.

En mi caso el perro de arriba es mi “cabeza” mi forma consciente y pensante, razonable y “madura”, en contraparte mi perro de abajo es mi “corazón” mis sentimientos, mi yo atrabancado y pasional. Al haber diferencias de “ambos bandos” entro en el dilema de no dejarme sentir o no dejarme pensar respectivamente.

No tienen porqué leer mis trastornos psicosexopasionales, sólo era una breve explicación de mi huída y mi regreso.

Estoy atado, encadenado, acostumbrado, ligado a mi Blog. Casi es parte de mí ser. Y no puedo, aunque quiera, desligarme. Así que la cosa no es entenderse sino aceptarse, por eso heme aquí. Tratando de buscar ésa armonía. Y me di cuenta, ayer, de que la poesía me des estresa mucho. Me libera.

Quiero compartir con ustedes 6 poemas que escribí en una sola noche. No son buenos, ni mucho menos, tienen sus matices, pero les falta mucho. Espero los disfruten y bienvenidos al Aroma De La Luna y éste Mundomatraca.

Esperenlos en la próxima entrada...

sábado, 2 de octubre de 2010

2 de octubre de 2010: 2 de Octubre… ¡No se olvida!





¡Está haciendo un jodido frío en las mañanas!, estoy pensando muy seriamente en cambiar mi horario deportivo, en la tarde o en las mañanas, pero más tardecito. Corro con los labios hinchados y los mocos se asoman tímidos por mis fosas nasales no dejándome respirar y obligándome a hacerlo por la boca. Los músculos se tensan. Las manos, los puños cerrados, se me entumen de frío. Ni un alma a las 7 de la mañana, sino hasta un poco después, cuando los corredores experimentados creen que ya es buena hora para salir a correr. ¿Seré muy notorio entre los corredores de cajón? Debe ser, mi respiración entre cortada, mi sudadera empapada, mis músculos sufridos… seguros seré muy notorio.
Ayer me di cuenta de que les miento un poco sobre lo que pienso mientras corro, la verdad, al Igual que Murakami, mientras corro no pienso mucho, sí lo hago, pero lo que pienso más bien se me olvida al instante. Hoy, por ejemplo pensaba en el jodido frío que hacía, pero no fue hasta que regresaba caminando que me puse a pensar cosas más interesantes.
Ayer no pude aguantar la tentación de fumarme un cigarrito, pero bendito sea Dios que mi organismo lo rechazó inmediatamente. No fumé ni la mitad. No quería, no podía. Mis pulmones se llenan de fortaleza con el ejercicio físico. Creo que soy una persona a la que no le importa mucho el aspecto físico, la apariencia, por fuera, más bien soy una persona que se preocupa por su salud y bien estar. La vanidad forma parte, es obvio. El ego masculino también tiene sus desplantes, pero gracias a Dios en mi no se presentan tanto. Me importa más tener unos pulmones sanos que un abdomen de lavadero.  De hecho si alguien me preguntara porqué corro creo que la respuesta sería fácil, nada original y muy poéticamente metafórica: “corro tras mis sueños, corro tras de ti” –Rodrigo Solís-; alguna vez, en un recorrido ciclistas por el municipio de Emiliano Zapata con unos amigos, al llegar a descansar a un cerro hablábamos de las bondades de la bicicleta, que servía como deporte, como transporte, como entretenimiento, etc. Pero Sergio, mi amigo, me dijo algo muy cierto: “más que una deporte, la bicicleta es cardio. Haces más fuerte y resistente a tu corazón”. Así que, en resumen, si me preguntan por qué hago éstos deportes la respuesta obligada es obvia: “Corro tras mis sueños, corro tras de ti. Y hago bicicleta para hacer más fuerte y resistente al corazón.” Metafórica y literalmente hablando.
Ayer comencé una novela. Me di cuenta de que Haruki Murakami tiene la boca llena de su razón porque escribir una novela es lo más complicado que me he aventado hacer. Un cuento es mucho más fácil (claro, también con su nivel de dificultad) pero en una novela tienes que ser constante y tener un buen nivel de concentración, los errores son más probables y es más difícil sacarse cosas de la manga. Pero también tiene razón que escribir una novela es como correr: sale solo, viene solo, y lo importante es la concentración y la constancia. No sé dónde ni cómo acabará esta novela, pero es un hecho de que buena o mala, por mis pantalones quiero terminarla.
Y justamente pensaba todo esto mientras corría y mientras no, mientras regresaba caminando. Pensaba también en la fecha de hoy: 2 de Octubre (¡No se olvida!) y pensar que después de tantos años es algo que aún sigue en boca de todos cada año, no dudo que llegue a convertirse en tradición a éste paso. Pensaba en lo injusto que es el mundo, y en que uno no puede hacer nada por cambiarlo. Yo dejé de lado mi título de altruista mediocre, pero creo que en el fondo sigo siendo y seré un rebelde eternamente. Todo lo que hago lo hago por mí, es cierto. Primero estoy yo, después yo, y al último yo. Pero también es cierto que es plan con maña, porque en la medida de lo posible hago algo por los demás. Piénsenlo de éste modo: no puedes cambiar al mundo, mucho menos a las personas, pero con hacer que la vida, o por lo menos unos minutos de la vida de alguna persona sean de calidad habrás logrado muchas cosas. El simple hecho de decir buenos días con una sonrisa es bastante bueno. Coincido con Mafalda: “Comienza tu día con una sonrisa y verás lo divertido que ir por ahí desentonando con todo el mundo”. La buena vibra, al igual que las enfermedades, se contagia.
2 de Octubre no se olvida. Ni se olvidará porque el pueblo quedó herido. No se hirió la tradición, se hirió la dignidad. Y nuestra dignidad es más fuerte que su orgullo.
Hoy, lo único que puedo hacer, y no solo por los estudiantes caídos en la plaza de las tres culturas en el 68, sino por todas las supuestas minorías que han sido silenciadas en todo el mundo es dedicar mi sudor y mi esfuerzo físico a su memoria y hacer, en la medida de lo posible, lo que esté en mis manos para hacer de éste mundo un lugar placentero y mejor.